In
Memoriam Arthur Miller
(1942-2026)
Manuel
Esparza
El
tiempo es energía y aunque se transforme nunca puede morir. El tiempo sigue
vivo después de la muerte y marcha en una dirección distinta a la vida. AM
El inicio de la
Amistad con Arturo fue una rara coincidencia: él y Nancy Farriss habían
investigado en Yucatán, ella quería cambiar en Oaxaca sus estudios donde ya
Arturo estaba estudiando las pinturas de las tumbas de los principales sitios.
Mi familia y yo andábamos en Nueva York después de haber estado como profesor
visitante en Texas un semestre. Estábamos hospedados en casa de los Waterbury
en Brooklyn y ya de regreso a Washington, D.C, en casa de una hermana, antes de
salir para México manejando, recibimos una petición telefónica de los Miller en
Filadelfia. Nancy supo que siendo director regional del INAH en Oaxaca no
quería desaprovechar hacer contacto para su orientación en un nuevo escenario.
Así lo hicimos y nos dieron soberbios bifes al carbón de cena.
Ya en México
seguimos la amistad y los intereses de cada uno. Nancy iba al AGI en Sevilla y
le pedíamos copias de documentos para lo que estábamos Ángeles y yo escribiendo
entonces. Ella, simpe generosa distraía de su investigación el tiempo suficiente
para mandar rollos de fotocopias.
Nos visitamos
después varias veces en Filadelfia; alguna tuve que cuidar a Nancy en el
hospital, pues Arturo andaba de viaje. Entonces Nancy fumaba desesperadamente y
me pedía me asomara a la puerta para que le avisara si se acercaba alguna
enfermera mientras ella se metía con todo y suero al baño a fumar…
Vino después la
vida matrimonial de Arturo con la sevillana Lourdes Palacios. Este es el
principio de otra historia (1996): me ofrecí a recibirlos en el aeropuerto
cuando llegaran;
Arturo
traía de regalo su último libro The
Painted Tombs os Oaxaca, Mexico Living with the Dead. Los llevé a
directamente a comer al Gernika en la colonia Reforma donde unos españoles daban
soberbia paella. Lourdes rápidamente estaba bailando y cantando con Inmaculada que
era de Bilbao, vasca. Se hicieron inseparables y a veces nos juntábamos a comer
paella con los amigos que iba haciendo Lourdes. En una ocasión Guajiro se puso
a tocar guitarra y cantar estilo flamenco, Lourdes hizo bailar a los comensales
y todos dizque se volvieron gitanos de pronto en Oaxaca.
Arturo y Felipe Davalos
su dibujante seguían restaurando la tumba de Huitzo, en el Cerro de la Campana
dando así a la luz una espectacular decoración interior al mundo.
Construyeron casa en
Etla muy al gusto de Lourdes. Hubo que ir a España, al Archivo de Indias y los
Miller nos llevaron a Huelva (1998) donde Lourdes tenía casa de unos familiares,
de ahí al mar en velero chico de Joaquín suprimo cerca de donde zarpó Colón en 1492.
Luego a ver a la Pilarica que andaba de peregrina de pueblo en pueblo, Lourdes
emocionada decía que estaba guapa, a mí se me hizo la cara virginal sacada de
los modelos de pasta del Corte Inglés para exhibir ropa de mujer, pero Lourdes decía
que me fijara, que la virgen estaba contenta…que otras veces lloraba.
Lourdes, una vez
que Arturo se jubiló y se dedicó a su primer jobi interrumpido, la pintura (el segundo
fue la guitarra, y en eso no progresó). Lourdes logró con su entusiasmo y coquetería
convencer a los pintores oaxaqueños a hacer un grupo fiestero en su casa de Etla,
eran verdaderas bacanales, con ingredientes traídos por ella de la misma madre
patria porque decía que aquí no los hay de la misma calidad…francamente los chorizos,
el jamón serrano y los quesos nos sabían diferente, vaya, hasta el garbanzo…
Un logro propio de
ella fue lograr que maestros como Francisco Toledo, Luis Zárate, Rodolfo Morales,
Sergio Hernández dejaran su inspiración cada uno en un abanico, la colección ha
sido exhibida en galerías. Otra colección eran los mantos andaluces, entre más viejos
y costosos mejor. Son innumerables las personas a las que Lourdes atrajo al
grupo de pintores, al grado que los antiguos antropólogos no embonábamos con
tanto desconocido…
Eso no quitaba que
nos siguiéramos comunicando y consultando, pero Arturo había cambiado
radicalmente de oficio en la perspectiva de los arqueólogos, Arturo se quejaba
de que no lo invitaran como antropólogo en los congresos locales, que él seguía
siéndolo y que ahora combinaba arqueología con arte interpretativo. Lo que sí
no cambió y a veces afloraba era el “rugged individual” neoyorquino que era, como cuando me llevó una vez al aeropuerto
de Filadelfia y se le atravesó un automovilista; Arturo enojado lo alcanzó y le
gritó “ You gotta be from Jersey” (ahí en Filadelfia le salió el desprecio a
los del otro lado del río Hudson…), o lo furibundo que se puso cuando lo detuvieron
en Oaxaca por no pasar la prueba del alcoholímetro, o cuando de regreso a Nueva York en la crisis
de las Torres Gemelas, el guardia del aeropuerto le gritó “move it” y faltó poco para que lo detuvieran de toto do
lo que respondió.
Arturo se entregó
totalmente a la pintura y como buen antropólogo se revistió del modo de ser de
algunos del ramo: fomentar un aurea como máscara que se quita después del
carnaval: En una ocasión me mandó el borrador del prólogo del folleto La formación del tiempo sacro: imágenes de los calendarios antiguos de
Oaxaca. Una exposición de pinturas de ARTHUR MILLER. Reproduzco
el primer párrafo para justificar mi comentario.
“Quisiera dejar claro desde un principio que me siento reacio
a escribir sobre la filosofía del tiempo sacro de la antigua Mesoamérica. No he
de revelar, ni mediante palabras ni mediante la forma visual que revisten las
obras que se presentan en este catálogo, todo lo que conozco sobre el tema.
“He optado por proceder así debido
a que el conocimiento constituye poder y el poder a menudo se ejerce de manera
indebida. Habiendo sido iniciado como sacerdote en materia de calendarios en la
cima de Zempoatepetl en el año 1994, el día mismo que estalló la rebelión maya
en Chiapas, y habiendo mi maestro mixe Floriberto Díaz fallecido repentinamente
de un ataque cardíaco, formulé el voto de no revelar jamás – o al menos en
forma completa – lo que conozco sobre los conceptos del tiempo amerindio. Si
esta renuencia a divulgar mis conocimientos de un pasado antiguo parece extraña
al lector, que sepa que con toda certeza no he sido el primer estudioso que
haya procedido así, sobre todo cuando posee conocimientos sumamente poderosos.”
—Arturo, los textos e imágenes del
catálogo me parecieron simplemente extraordinarios, felicidades. Mi comentario
sobre el conocimiento poderoso se entiende que era de pocos saber cómo leer y
predecir, pero no se sigue que tu tengas ese poder, ¿me entiendes? Por lo menos
a mí me suena pretenciosa la afirmación y un poco al secretismo y misterio con
que se envolvió así mismo aquel fantasioso Carlos Castaneda. Las enseñanzas
de Don Juan: una forma yaqui de conocimiento (1968).
Pero Arturo ya estaba inoculado de
pintor y publicó sin correcciones el prólogo. Lo mismo me pareció cuando un reportero
americano al entrevistarlo para publicación le preguntó si su nombre tenía algo
que ver con el escritor famoso Arthur Miller (Death of a Salesman, 1949)
y la respuesta vaga de Arturo la dejó para ser interpretada como quisiera el
reportero.
En una de sus comunicaciones mostró
su preocupación por su biblioteca y archivo, y me preguntaba qué sugería, pues
él quería que se quedara en Oaxaca. Le sugería la Fundación Harp Helú. En nuestra última reunión en su casa de Etla antes
de irse a España por última vez me contó que Alfredo Harp había dicho que no
tenía dinero que sólo se recibían donaciones para la biblioteca, muy enojado dijo
“hijo de puta si no quiere comprar la colección que no me diga que no tiene dinero…”
Todavía antes de despedirnos insistió en llevarme al taller donde me explicaba la
próxima exhibición sobre el sacrificio humano. Hablaba sin parar, obsesionado
con el tema y hallando paralelo que llamaría la atención: el sacrificio eucarístico
es otro ejemplo del sacrificio humano al dios Sol, se come a Cristo.
—Arturo, ¿una especie de
canibalismo? Tú sabes que es de todas las culturas propiciar a las deidades y
fuerzas extraterrestres que inventamos para obtener su perdón, para que nos socorran,
nos consuelen, nos hagan el milagro de curarnos, de conseguir trabajo…
—Ya vengan, ya llegaron Evelyn, Arturo y Mónica… — Nos interrumpió Lourdes.
Después de la comida Arturo nos
acompañó al automóvil para despedirnos sin sospechar que era para siempre, nos pidió
que nos juntáramos pronto con los Waterbury a comer o cenar en cualquier lugar
de la ciudad. Ya no lo logramos.
Vas en tu tiempo querido amigo,
déjame seguir el mío hasta que también vaya en dirección contraria.