domingo, 31 de julio de 2011

Jan de Vos In Memoriam

Jan de Vos

In memoriam

Manuel Esparza

Si la vida es una travesía en el mar en el que hay que cambiar de embarcaciones para llegar al destino final, la experiencia de Jan de Vos es un ejemplo de lo que nos sucede a todos los que andamos en las mismas aguas: cambiar de barcos seguros y potentes a veleros y no pocas veces a lanchas de motor que a veces se quedan sin combustible.
    Con la seguridad  filosófica y teológica de un confortable crucero durante dos  tramos de su navegar Jan llegó a la mitad del océano. Ahí hubo que cambiar de embarcación, el crucero ya no daba la estabilidad que buscaba para enfrentar las nuevas tempestades. Todavía más incierto fue el emprender de nuevo el viaje a los 50 años de edad en aguas seculares: las de la academia, la cátedra, la publicación de textos que develaban realidades históricas de pueblos sometidos.  
   Conocí a Jan cuando todavía era jesuita y se dedicaba a la pastoral indígena en la Misión de Bachajón, Chis., en 1974. Me llamó la atención su formación intelectual. Estando en confianza y hablando de nuestros mutuos caminos diversos en la vida, le dije que él debería dedicarse al mundo académico y dejar “la sacramentaliza”, era otra forma de realizarse, de dar testimonio que tanto le importaba a él. No lo tomó a mal, al menos no me mandó por la borda de regreso por donde había venido.
   En ese mismo año o al siguiente lo invité a venir a mi barca, bueno al Museo Regional de Antropología  en el ex convento de Santo Domingo de Oaxaca. Esa fue la primera conferencia de Jan en su vida como historiador como contó años después.
   Las veladas muy esporádicas cuando pasaba por Oaxaca eran los suficientemente humanas para entrever los cambios que tenía que hacer de embarcaciones, estas ya no del estado sacerdotal y célibe al de un profesional casado, sino otros cambios más profundos y a veces dolorosos al confrontar la realidad con su formación anterior. El resultado fue una actitud crítica de la autoridad religiosa, de la evangelización que se practicaba  en Chiapas, actitud que empataba con su saber y disciplina de historiador, pero que también lo llevó a ser conservador ante los cambios más radicales tanto en la esfera religiosa como en los sociales.
  El confesó, en uno de esos encuentros en Oaxaca, no haber estado de lado de los misioneros radicales de Bachajón, y que  no entendía la Teología de la Liberación, esto último con un dejo de eurocentrismo también reflejado en su análisis del resultado de años de evangelización en Chipas, donde decía que no había un clero autóctono, “todavía no existe una iglesia indígena mestiza, se trata de una iglesia neocolonial…los cuadros mayores de la Iglesia llegan, hasta la fecha, de otros lugares.” ( La Jornada, 2 de mayo, 1997). El mismo que hablaba varios idiomas de Europa, después de casi 10 años de estancia, no aprendió algún idioma nativo.
   Siempre tuvo dificultad en aceptar al obispo Samuel Ruíz, alguna vez se mofó de los que propusieron a Samuel para el Nobel de la Paz. En <<El desastre pastoral y doctrinal de Mons. Samuel Ruiz>> (ESLABONES, Nú. 14, 2001)[1] escribió que <<catequizar con el materialismo  histórico  a partir del año  80 son las causas del desastre de la diócesis>>. Para explicar su afirmación cita la tesis de Reyna Coello sobre las etapas de catequización en la diócesis:<<En 1980 se utilizan en el análisis y en los cursos de catequistas elementos del materialismo histórico y los agentes de pastoral empiezan a tener una formación más sólida en el campo de las ciencias sociales, especialmente en la sociología y la antropología y utilizan de esas disciplinas ciertos instrumentos para darle mayor coherencia, inteligibilidad e integridad al proceso>>.  A esto Jan de Vos lo llamó lamentándose  <<el caldo de cultivo>> que propició la instalación en 1983 de los iniciadores del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.>>.Tampoco aceptaba a los zapatistas a pesar de haber participado como historiador en la Mesa sobre Derechos y Cultura Indígenas convocado por EZLN en 1995. Algunos de los dirigentes habían sido alumnos de él, sin embargo, no sólo desaprobó la formación catequética que los llevó a involucrarse voluntariamente en dicho movimiento, sino que se congratulaba de la intervención de Roma diciendo <<Con cuanta sabiduría y autoridad escribió el 28 de septiembre de 1993 el cardenal Bernardin Gantin, entonces Prefecto de la Congregación de los Obispos una carta dirigida al obispo Samuel Ruiz cuyo último párrafo dice textualmente: “Por consiguiente, se subraya la absoluta imposibilidad de parte de la Santa Sede de consentir que en San Cristóbal de las Casas continúe una situación doctrinal y pastoral que se considera en abierto contraste con lo que exige la unidad de la Iglesia”>>. 


   Su conservadurismo quizá lo llevó contradictoriamente a tratar ingenuamente al poder. En 1994 vino otra vez a Oaxaca a hacerme el favor de presentar junto con Carmen Boullosa un libro sobre la fundación de la ciudad de Oaxaca. Por cierto llamó la atención que Jan en vez de comentar el libro leyera un ensayo sobre el oficio del historiador que después publicaría como Decálogo del historiador (DESACATOS 15-16, 2004: 222-236). No se supo si lo hizo para enseñarle al autor del libro comentado que aprendiera a escribir… o porque no tuvo tiempo de leer el libro. El caso es que después de la presentación, me contó que acababa de ir a la Presidencia invitado a hablar sobre lo que acontecía en Chiapas en reunión privada con el Jefe de la Oficina de la Presidencia  José Córdoba Montoya y Arturo Warman. Tan no estaba contento por haber aceptado esa invitación que me pidió no difundirlo. En otra ocasión, sin embargo,  estando varios presentes nos dijo que habían sido dos veces las que había él acudido a las oficinas del intrigante asesor de Salinas de Gortari, así que no revelo aquí ningún secreto.
   No todos los intelectuales son Saramagos, Gillys o Chomskys es, sin embargo, otra forma de activismo y compromiso el que pueden practicar: desenmascarar las versiones aceptadas de la larga historia de opresión de los pueblos. Esta fue la gran contribución de Jan de Vos a la historiografía crítica sobre los nativos de Chiapas.
   En el tráfico de la travesía marítima podía Jan de Vos y otros cercanos amigos tomar rutas ideológicas divergentes, a veces hasta en sentido contrario por donde iba él. Se podía gritarle desde donde uno iba y él siempre respondía, al menos agitando la mano. Contrario a otros intelectuales que se ofenden por la crítica a su labor, estoy seguro que Jan hubiera visto en este escrito que me puse a practicar en él lo que recomienda en su Catálogo del Historiador. Flaco homenaje se le haría presentando sólo elogios y dejando a un lado aspectos que halló conflictivos y hasta dolorosos en su esfuerzo por entender el mundo real en el que se sumergió en el último tercio de su vida.
    En las bitácoras de los capitanes se registran las coordenadas por las que van avanzando las naves, en la selecta bibliografía de Jan de Vos queda el registro de su viaje que mantendrá presente su recuerdo.


[1]http://cepos.org.mx/artman2/uploads/1/SP_006_12MAY01_A_15JUN01_EL_DESASTRE_PASTORAL_Y_DOCTRINA_DE_.doc)