jueves, 6 de enero de 2011

Ciencia y fe

El dialogo entre ciencia y fe ¿es de sordos?

Manuel Esparza
Centro INAH Oaxaca

Las causas del desinterés de los fieles por la Iglesia no es sólo la oposición tradicional a las uniones libres, al aborto, a la ordenación de las mujeres, a la abolición del celibato, ni las revelaciones de pederastia de los sacerdotes alrededor del mundo, sino también, y principalmente porque la gente percibe que la jerarquía misma duda de la veracidad de su propia doctrina.

El Año de Darwin (2009) resultó un laboratorio para observar reacciones de la gente sobre temas de la evolución natural. Las discusiones por el creacionismo, el intelligent design son prácticamente inexistentes en México fuera del nivel académico. Sin embargo, algunas  consecuencias de la teoría de la evolución son percibidas como amenazantes y son vívidamente discutidas por un público mayor.
    Para contribuir a las publicaciones y eventos académicos que se hicieron a lo largo del 2009, el que esto subscribe estuvo publicando en NOTICIAS  de Oaxaca, un artículo cada semana durante varios meses. Los temas cubrían desde el origen del universo, la vida de los primeros  organismos, los primates, la aparición del hombre, y temas relacionados con la sexualidad,  la violencia y la mente.
     Lo inesperado fueron las reacciones a esos temas que afloraban con frecuencia en conversaciones de sobre mesa, o cuando se le respondía a los conocidos en qué andaba uno ocupado esos días. Fue de llamar la atención que tanto en pláticas a alumnos de bachillerato y aun a académicos, como en conversaciones informales, y a pesar de evitar hablar directamente de la religión, ésta era lo que inmediatamente avivaba la conversación y a veces hasta con agresividad. Ya se podía estar hablando de alelos y cómo dependía de ellos el color de los ojos de los hijos, o del lanugo en los fetos, tanto humanos como de ballenas, de los hábitos de ciertas especies de pájaros en la procuración de pareja, cómo los bebés imitan inmediatamente a las horas de nacer a la madres que les muestran la lengua, y otra variedad de temas que divertían a la gente, casi siempre se caía en las consecuencias de aceptar esos datos de la evolución, en apariencia tan inofensivos, para temas inquietantes como la existencia del alma, de la otra vida, de Dios. ¿Qué tenemos dentro que explique lo anterior?
   Para el desarrollo de este escrito, primero se presentan argumentos con los que una gran mayoría de creyentes y no creyentes estarían de acuerdo. En un segundo apartado se tratará de exponer las razones que dificultan actualmente la comprensión de opiniones diversas. Finalmente se harán observaciones sobre las consecuencias de la falta creciente de credibilidad en la institución católica para la separación Iglesia y estado.

1.                La fe y la razón dos formas de conocimiento.
¿Es posible el diálogo entre personas que hablan en dos frecuencias distintas al mismo tiempo? Eso parece suceder en las interminables discusiones tanto en México como en otros países, sobre el aborto, la eutanasia, los matrimonios  entre personas del mismo sexo, la ordenación de mujeres. Se suele hablar en diferente banda (FM/AM) cancelándose así, desde el inicio, la posibilidad de que cada uno se convenza o al menos respete la posición contraria. En el caso del aborto, por ejemplo, se aducen, por un lado, argumentos de razón, comprobables; por el otro, argumentos de fe, basados en alguna autoridad.
    En el fondo se vuelve al viejo problema entre razón y fe. El Aquinate (Sto. Tomás de Aquino), sin embargo, distinguía entre dos facultades cognitivas: la razón natural y la fe sobrenatural, y dos planos del conocimiento: la verdad natural y la verdad sobrenatural de la revelación. Dos facultades y planos distintos de conocimiento en el mismo cerebro humano.
   A este propósito, no se puede menos de recordar a un viejo sabio del siglo XIII, Alberto Magno, Doctor de la Iglesia: “Cuando quiera saber algo de medicina, iré a Galeno o Hipócrates,” y continúa contundente “y no me vengan con milagros cuando estoy hablando de cómo es la naturaleza.”[1] Se debería tener en cuenta hoy lo que pensaba de los que usaban la razón natural: “Lo que el filósofo dice, debe decirlo con argumentos racionales (…) Porque la ciencia natural no consiste en aceptar lo que se dice, sino en investigar las causas de las cosas naturales.”[2] Ojalá muchos opinantes que confunden la autonomía de la razón con la fe  reflexionaran en lo siguiente: “Si alguien nos pone objeciones con las virtudes infusas por Dios de las que hablan los teólogos, diremos que no tiene nada que ver con nosotros, pues ahora no disputamos de materias teológicas sino físicas”[3]
   Ya, en este camino, se debe recordar también que en ese siglo fue cuando en las universidades se comenzaron a distinguir los campos diferentes de la Filosofía y la Teología. Se comenzaba a proclamar la autonomía de las ciencias. Santo Tomás claramente lo dijo entonces: “Hay que apoyarse en razones si se quiere saber por qué es verdad lo que se dice, porque si sólo nos apoyamos en la autoridad desnuda (el papa dijo, la encíclica dice, etc.), el oyente quizá quedará convencido, pero su inteligencia no logrará un verdadero conocimiento, y se irá de vacío.”[4] Alberto Magno y Tomás de Aquino fueron dos dominicos, los dos santos católicos, no dos filósofos ateos.
   Mucho tiempo se ahorraría si al hablar del aborto, eutanasia, preferencias sexuales, y un largo etcétera cada quien –obispos, políticos, mujeres por el derecho a decidir, intelectuales- aclararan primero en que frecuencia están hablando. Siempre tendríamos los demás la libertad de sintonizar otra estación más conveniente.

Lo universal del fenómeno religioso
Se puede o no ser creyente, decirse ateo desde la temprana adolescencia o ya de adultos, pero un hecho es que en todas las culturas alrededor del mundo la gente tiene conceptos  religiosos. Debe haber algo en la naturaleza humana a lo cual se acude para hallar explicaciones, finalidades, consuelo ante la adversidad o la enfermedad. Sin salirse de la ruta de la “investigación de las causas naturales” se sabe que venimos a este mundo con una física muy ingenua, queremos ver causas, agentes en todo lo que sucede. Los infantes son pequeños investigadores, pronto conciben la realidad como una dualidad: distinguen sin que se les explique que el gato es diferente al cochecito de cuerda, piden de comer a la mamá, no al refrigerador. Se contentan con saber que alguien murió, pero que algo de esa persona sigue viviendo.
   Por la herencia de millones de años nos hicimos sensibles a señales de depredación, de peligro; nos fue fácil impetrar a las fuerzas ocultas -cualquiera que sea su nombre- para pedir salud, rogar que se interrumpan las leyes físicas para que no se caiga el avión, para que se detenga el cáncer, para que pase el examen final el hijo. Ante la inevitabilidad del dolor físico, de la muerte de un ser querido, se halla consuelo en que nada se mueve sin la voluntad de ese  alguien que lo hemos hecho a nuestra imagen y semejanza: alguien allá que también se cansa y descansa después de crear el mundo, que lee nuestros pensamientos, nos ve, nos quiere y nos castiga como un padre. Hacemos nuestros dioses, ángeles y nahuales a nuestro gusto y conveniencia. Y en todo eso se halla cierta explicación, cierta tranquilidad interior. Así estamos hechos, y así va a seguir siendo por lo visto.
   De lo dicho, el diálogo entre la ciencia y la religión que parece de sordos, sin ninguna posibilidad de convencimiento mutuo, puede tener un punto de convergencia que ayudara a intentar intercambiar humanamente pensamientos  y sentimientos provenientes de tan diferentes fuentes de conocimiento: el basado en las leyes de la naturaleza y el que parte de alguna autoridad. El punto de contacto es solamente aceptar la naturaleza común a todos, creyentes o ateos, partir del conocimiento de cómo estamos hechos a la luz de los avances de las ciencias. Se excluye por principio todo rechazo a los que no  piensan y hablan en la frecuencia del otro. Pues si es un universal tener pensamientos religiosos, entonces se acepta antes que nada que otros los tengan, pues es prácticamente inevitable para la mayoría no tenerlos. Ya fue un avance, no se manda a la hoguera al que se cree diferente a los otros, ya no se piensa que los que no aceptan otra autoridad que la ciencia son de otra especie.
   La receta parece simple, no discutamos lo que nos separa, sino hablemos de lo que nos es común y todos aceptamos: que somos una sola especie, con la misma constitución elemental de todos los seres vivos, que tenemos las mismas necesidades biológicas que el resto de la humanidad, que todos  queremos vivir y tener los medios necesarios para cuidar de los que están más cercanos, que la misma naturaleza nos dotó para contrarrestar nuestras tendencias destructoras y poder convivir con otros. Todo eso se logró a través de procesos evolutivos durante milenios.
   Pero la evolución ha dejado de transformarnos substancialmente para dar cabida a la cultura que  nos diversifica, y hasta modifica lo que hizo la naturaleza[5]. Somos nosotros los que en busca de explicaciones no sólo inventamos fuerzas sobrenaturales, sino que llegamos a institucionalizar las creencias y prácticas en elaborados cánones y prescripciones.
   También hemos llegado a idear un sistema que evite bastante el conflicto entre los miembros de una unidad política, el estado laico. Precisamente por la gran diversidad de creencias, percepciones, ideologías se hace un pacto para que ninguna creencia o religión sea la del estado mismo, quedó atrás cujus regio, eius religio. Sin embargo…

2  Entrampamiento doctrinal: el caso del aborto

En la sociología de los desastres se dice que un evento mayor revela la estructura de la sociedad afectada. Ejemplos son múltiples, uno reciente es el temblor de Haití, las inundaciones de este año. El aborto es un ejemplo, a semejanza de los desastres naturales, que pone al descubierto los problemas internos de la vieja institución católica. La despenalización del aborto, en varias latitudes del mundo, ha dado la ocasión para la manifestación de algunos principios doctrinales de la Iglesia católica. El meollo de la falta de apertura y entendimiento por parte de la institución respecto al aborto es el haber quedado encadenada en sus mismas premisas dogmáticas: hay vida humana desde el principio, lo que es más, desde el primer instante de la concepción se es persona. Por tanto cualquier acción directa contra el nuevo ser es homicidio. Aquí no importó la distinta opinión de San Agustín o de Santo Tomás Aquino. El primero distinguiendo entre feto formado y no formado, ve que esa vida vegetativa no es persona y por tanto no se puede hablar de homicidio: Quod vero non formatum puerperium noluit ad homicidium pertinere… et ideo non sit homicidium…ideo Lex noluit ad homicidium pertinere. (En traducción libre: Lo que en verdad no se ha formado al tiempo del parto, no es materia de homicidio… y por tanto no es homicidio…por  tanto no se aplica la ley del homicidio).[6]
   Teniendo en cuenta el hilemorfismo en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, éste considera que la infusión de la forma (alma) ocurre cuando la materia (el feto) tiene los órganos básicos de una persona (especialmente el sistema central nervioso). Lo que comienza a ser vivo en el vientre en las primeras etapas no es una persona, sí tiene un ánima, primero, vegetativa, luego, sensitiva (anima sensitiva) y finalmente un alma racional o humana (anima intellectiva). La Iglesia que ahijó a un bautizado Aristóteles en su filosofía, adoptó oficialmente la concepción hilemorfista de la naturaleza humana al principio del siglo XIII con el Concilio de Viena[7], antes, por siglos la Iglesia prohibía bautizar nacimientos prematuros. El mismo Santo Tomás es contundente respecto a la infusión del alma: animae rationales non seminantur per coitum.[8] (Estimado lector anímese a  traducirlo Ud. mismo). 
   En el caso del aborto, en el discurso actual de la Iglesia no se tiene en cuenta una muy tradicional doctrina moral que permite desconectar al paciente que no tenga vida cerebral. Pero, ya puede la ciencia decir que no hay vida cerebral todavía en un feto hasta antes de determinada fecha de gestación, la Iglesia se empeña en que es una acción inmoral intervenir para interrumpir directamente la gestación en cualquier circunstancia.
   El entrampamiento doctrinal es el dogma de la Inmaculada Concepción de María (1854). Con la ciencia de entonces y la “continúa tradición,” se entendía que desde el primer instante de la concepción de María ésta estaba exenta de pecado original, por tanto María era persona desde ese mismo momento, pues de lo contrario sería inconcebible que tal privilegio se le concediera a un simple óvulo recién fecundado. Y si ése es dogma de fe, ¿cómo entonces contradecirse aceptando que la unión de unas células no es persona?

Ocultamiento de crímenes  
Una nueva dificultad para el diálogo entre creyentes y no creyentes, sociedad civil e Iglesia, ha consistido en la revelación de los oscuros procedimientos para ocultar los delitos de los clérigos pederastas. En el fondo, no son los mismos delitos el obstáculo al diálogo, sino lo poco fiable de una institución que ha sido descubierta mintiendo sobre su inocencia y participación en la protección de los delincuentes. No castigar al culpable de delitos contra los niños y aun llegar a cambiarlo de lugar para seguir exponiéndolo a cometer nuevos actos contra sus víctimas, es lo que es reprobable en todos sentidos. Ha sido un ocultamiento muy repetido en varias diócesis del mundo, incluso en el mismo papado, que tanto el anterior como el presente no han quedado libres de la acusación de protección indebida a los clérigos abusadores.[9] En su reciente visita del papa a la Gran Bretaña, Joell Casteix dirigente de Survivors Network of those Abused by Priest, (SNAP) replicó severamente al papa quien dijo que “la autoridad de la Iglesia no fue suficientemente vigilante …ni rápida y firme para tomar las medidas necesarias” contra los abusos clericales; Casteix le respondió: “Es poco honesto decir que los responsables de la Iglesia fueron lentos e insuficientes vigilantes, por el contrario, fueron rápidos y vigilantes para ocultarlos, no para evitarlos.”[10] El sacerdote belga Rik de Villé dedicado durante dos décadas a atender a adultos abusados cuando niños por clérigos, dice que “contrariamente a lo que asegura la jerarquía eclesiástica, sí supieron de estas denuncias en su momento.” Cuenta cómo el cardenal Godfried Daneels le prohibió decir nada contra un cura.[11]

Catolicismo pragmático
Aquí no se puede menos de hacer una reflexión acerca de la lógica o falta de ella en la práctica religiosa y que parece incidir en lo dicho más arriba acerca de la disposición natural a las creencias religiosas. En un país como México considerado católico en su gran mayoría, ¿cómo explicar que el índice de natalidad haya disminuido drásticamente a pesar de las directivas de la Iglesia respecto al control de natalidad? Parecería que la gente va su camino sin preocuparse mucho de la contradicción. Sigue creyendo y practicando su religión sin hacer caso a la doctrina oficial de una institución que le parece tan ajena a su vida. En la población indígena, objeto de evangelización durante 500 años, las mujeres en edad reproductiva  de 15 a 49 años, el 3% utilizan algún método anticonceptivo; entre las mujeres indígenas con tres o más hijos el 72.2% utiliza esos métodos[12]. La defensa de la familia “amenazada” por bodas gay, en los argumentos de la jerarquía, desconoce lo que se da en la población mayoritariamente católica: la familia nuclear tradicional ha disminuido a nivel nacional del 74.5 % en 1990 a 68.9% en 2005. Aumentó la proporción de parejas sin hijos de 6.7 % a 8.6 %, al mismo tiempo que se da una tendencia creciente de los hogares monoparentales de 10.0 a 10.3 %[13]. Sin embargo, para el cardenal de Guadalajara Sandoval las familias con un solo progenitor están constituidas por “gente sin moralidad.”[14]
   Otro caso, posiblemente muy extendido en otras diócesis, es el de Oaxaca donde un número llamativo de sacerdotes viven con sus esposas e hijos. Algunos sacerdotes de estos han trabajado en la misma curia arzobispal. Aquí no sólo la feligresía los acepta, sino la misma jerarquía los ha tolerado. Cuando un nuncio apostólico, Girolamo Prigione llamó al clero de Oaxaca corrupto, el arzobispo Bartolomé Carrasco defendió a su clero, entonces, ¿por qué seguir en la ficción de un clero célibe?[15]

El caso de la canonización de alguien que no existió
Ante la clara determinación del papa Juan Pablo II de canonizar al indígena Juan Diego, los mecanismos oscuros de la sumisión de los jerarcas al Vaticano quedaron revelados ante la oposición de gente connotada a esa canonización basada en la leyenda de la aparición de la Virgen de Guadalupe. La prueba esgrimida de ese singular acontecimiento que no tuvo reconocimiento histórico durante los primeros 100 años de la colonia españolas, fue que en el ayate (de ixtle) del vidente quedó estampada la imagen de la madona en forma milagrosa: Non fecit taliter onmi nationi dijo en su oportunidad Roma.
   El arzobispo actual, cardenal Rivera de la arquidiócesis de México fue el más decidido propulsor de la canonización. Sin embargo, antes del acto solemne en que se aceptó que Juan Diego practicó virtudes en grado sumo e hizo un milagro suficiente para proponerlo como modelo llevándolo a los altares, el cardenal contrató a un técnico para que estudiara privadamente la pintura en cuestión. Leoncio Garza-Valdés cuenta que el cardenal no logró censurar los resultados de su investigación. El estudio concluyó lo que ya se sabía por otras investigaciones anteriores sobre la pintura misma, pero ahora usando técnicas muy avanzadas. La tal pintura no es de ixtle sino de cáñamo y pintada en distintas ocasiones por manos humanas. Efectivamente, la tela había sido repintada substancialmente tres veces, la primera consistía de una Vírgen portando un niño-Dios en sus brazos, las otras dos eran las de la imagen actual con añadiduras y retoques de muchos técnicos.
   Ese hallazgo científico fue ocultado totalmente por la Iglesia a pesar de que junto con pruebas históricas documentales se estuvo advirtiendo a Roma del escándalo que se podía causar a los creyentes al canonizar a alguien a quien no se le apareció la Virgen del Tepeyac. Prefirieron seguir adelante manteniendo a la feligresía ignorante de los hallazgos, aquí obviamente ya no procedieron con error invencible, prefirieron aparentar creer lo que no tenía veracidad.

Los papas sospechosos de herejía
Una constante en los últimos papados ha sido ir contra corriente del Concilio Vaticano I (1962-1965) especialmente en la apertura al mundo contemporáneo. No ha sido, sin embargo, el colegio episcopal el que se ha opuesto a reformas, han sido los papas los que considerándose encima del episcopado han dictado políticas contrarias al espíritu y a la letra de ese Concilio ecuménico. Sólo para refrescar la memoria, al final del Vaticano II se quiso examinar la cuestión de la paternidad responsable, pero el papa Paulo VI les ordenó no hablar de la contracepción artificial, quitándoles a los conciliares la posibilidad de hablar del control de la natalidad. Quisieron discutir el celibato, y otra vez el papa al final del 1965 prohibió ni siquiera discutir el tema. Y todavía, por si había dudas de quién manda en la cumbre de la jerarquía aún sin consenso con el episcopado, en 1967, sacó su Encíclica Sacerdotalis Caelibatus, y en 1969 les tocó a los laicos con su Humanae Vitae.
   Pues bien, resulta que otro Concilio ecuménico, el XVI, en Constanza (1414-1418) declaró dogmáticamente, es decir, de fe, que la máxima autoridad en la Iglesia es el Concilio. Qué ha sucedido, entonces, que ahora se dice al revés, pues el papa en los hechos está por encima del Concilio, lo cual estrictamente hablando en términos eclesiásticos es herejía. En palabras autorizadas: “el Concilio ecuménico, según el dogma de Constanza, tiene superioridad sobre el papa, éste puede dimitir, e incluso puede perder automáticamente su puesto en determinados casos de herejía, cisma o enfermedad mental.”[16]
   Este es el escándalo mayor en la Iglesia de hoy: dar pie a la percepción de la gente de que la jerarquía y su cabeza no creen en los dogmas.


3  Consecuencias para la separación Iglesia-Estado

La consecuencia de la doctrina sobre el aborto en la vida de las sociedades que se dicen creyentes, incide en la separación de la Iglesia y estado. Esto se agrava en países como España y México donde se dice que la mayoría de la población es católica. La jerarquía se pronuncia en estos casos con gran fuerza política blandiendo el argumento de que la mayoría si es católica debe obedecer las directrices de la jerarquía. Recientemente la Conferencia Episcopal Española intensificó su lucha contra la nueva ley sobre el aborto. El arzobispo de Burgos, Gil Hellín negó que la nueva norma sea ley, y por tanto no obliga a los ciudadanos. Se refería a la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. Sin más, estaba diciendo que esa no es ley y que no  obliga a los creyentes.[17]
   El cardenal de la arquidiócesis de México fue más explícito en su rebuscada justificación para pronunciarse contra el aborto y los matrimonios homosexuales que son ley en la ciudad de México.  “No se puede obedecer esas leyes, no son leyes de Dios.” Pronto más de 15 estados pasaron leyes endureciendo las penas a las mujeres que abortan, no permitiendo el aborto aun en algunos casos de menores violadas a las que se les ha obligado a continuar el embarazo hasta el final. En uno de esos estados, Guanajuato, hay mujeres que han sido acusadas de “homicidio en razón de parentesco” por haber abortado, con penas hasta de 35 años de cárcel.[18] Hasta hace muy poco había seis mujeres purgando penas por la misma razón de 25 a 29 años.[19] Ante la presión de opositores, el Congreso de Guanajuato modificó el Código Penal para atenuar las penas del delito, y reducirlo de 3 a 8 años, de esa manera salieron siete mujeres de prisión, pero con la nota de homicidas[20].
   Los obispos de Oaxaca se añadieron en 2007 contra la nueva disposición de la capital de la república afirmando que “se es persona desde la concepción… ¿Por qué se penaliza el comercio de huevos de tortuga si estos no son aún tortuga? ¿Será posible que jurídicamente lleguen a protegerse más que al ser humano en formación? ”[21]. El mismo multicitado cardenal Rivera llamó como “aberrante e inmoral” el juicio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que avala el matrimonio entre personas del mismo sexo que es legal en el Distrito Federal. Pero más sintomático es la razón que Rivera da para oponerse: “las uniones de facto o legaloides de personas del  mismo sexo son inmorales, pues contradicen el proyecto divino.”[22] 
   A pesar de la llamativa oposición de la jerarquía, la Suprema Corte de Justicia determinó que eran constitucionales las bodas entre homosexuales, y que los matrimonios celebrados en la capital del país deben ser reconocidos válidos en todos los estados de la república. Un poco antes de que ese órgano judicial se pronunciara a favor de la adopción de infantes por parte de parejas homosexuales, disgustó mucho lo dicho por otro cardenal, el de Guadalajara, el arzobispo Sandoval Iñiguez, quien les preguntó a los reporteros que lo interrogaban: “A ustedes les gustaría que los adoptaran una pareja de maricones o lesbianas?” Y ya antes había dicho: “Imagínense si alguno de ustedes es adoptado por un par de maricones. ¿A quién le van a decir papá y a quién le dirán mamá?”[23] Para este vidente de las causas de los males del mundo moderno, “todo esto obedece a una conspiración internacional maltusiana que ha lanzado una serie de medidas desde hace varios años, como la anticoncepción, el aborto, el amor libre, la perversión de la niñez y la juventud, la píldora del día después, el divorcio exprés y el matrimonio entre homosexuales, que por supuesto son estériles”[24]. El cardenal Rivera de nuevo, por medio de su agresivo vocero el presbítero Hugo Valdemar, señaló que las iniciativas del jefe de Gobierno del Distrito Federal, las de la legalización del matrimonio entre homosexuales y la de su derecho a adoptar menores, “impulsa leyes destructivas que son más dañinas que el narcotráfico.”[25]

Conclusión
En forma de conclusión se puede decir que si bien el diálogo entre ciencia y fe, entre no creyentes y creyentes parecería de sordos, sin embargo, por muy radicalmente separadas que estén ambas posiciones, son posiciones de humanos, no de seres de diferentes especies. Ambas partes tienen la misma naturaleza, y es ésta la base del respeto a la manera de pensar de los demás. En el conocimiento moderno de esa naturaleza, que actualmente resuelve más problemas que antes se tenían por misterios, está la posibilidad de llegar a un mutuo entendimiento al ver que todos tenemos pensamientos religiosos, así los expliquemos de diversas formas.
   Los hombres proseguirán creyendo en los dioses que ellos mismos crearon, proseguirán buscando consuelo a sus penas y respuestas a sus dudas existenciales y si no hallan satisfactorias las doctrinas y las prescripciones de las religiones institucionalizadas se apartarán o tomarán discrecionalmente de ellas lo que les convenga.





[1]  In II Sent. Dis. 13, a.2; De gen. et corrupt, II, tr.1, c. 22.
[2]  De miner. II, tr. 2, c. 1.
[4]  Quodlib. IV, a. 18.
[5] Un ejemplo dramático es el caso de los asesinatos por honor. Uno se pregunta ¿cómo es posible que un padre pueda degollar a su propia hija a veces sólo por la sospecha de que tiene novio? El honor de la familia, una construcción totalmente cultural, pude más que la fuerza natural para cuidar a los propios. Ver ejemplos desconcertantes en Robert Fisk,  “La mentira detrás de los masivos suicidios de mujeres egipcias,” La Jornada, 19 de septiembre, 2010.
[6]  San Agustín en su comentario a los Setenta, Quaestionum S. Augustini in Heptateuchum, II, 80 citado en Dombrowski, A. Daniel, Robert Deltete, A Brief, Liberal, Catholic Defense of Abortion, University of Illinois Press, 2000:24.
[7] Concilio ecuménico de Viena (1311-1312): “El alma racional e intelectual es verdaderamente y por ella misma la forma del cuerpo.” Denzinger (1963) 1440.
[8] Summa theologiae,1ª, questio 118, art. 2.
[9] Para un resumen del problema que atañe directamente al mismo Benedicto XVI ver “The credibility gap widens,” en National Catholic Reporter, April 2, 2010.
[10] La Jornada, septiembre 17, 2010.
[11] El País, domingo 19 de septiembre de 2010.
[12] Datos oficiales del 2009, Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica, ENADID.
[13] Cifras del Consejo Nacional de Población, CONAPO, 2009, en La Jornada, agosto 16, 2010.
[14] Declaración en el Foro Ético Mundial del 28 de enero de 2006, Guadalajara, citado por  Sanjuana Martínez, La Jornada, agosto 18, 2010.
[15] En 1990, el arzobispo Carrasco en su visita ad limina reportó que el 75% de su clero no guardaba el celibato, ver Jorge Erderly, et al., Votos de castidad, El Debate sobre sexualidad del clero católico, Grijalvo, México, 2005:14
[16] Hans Küng, Libertad conquistada, Memorias, Editorial Trotta, 2004: 455.
[17] El País, Opinión, julio 25, 2010.
[18] La Jornada, agosto 17, 2009.
[19] Ibid., julio 27, 2010.
[20] Ibid., septiembre 8, 2010.
[21] ¿Despenalizar el aborto? En México, abril 25, 2007.
[22] La Jornada, agosto 9, 2010.
[23] Mural, 20/10/97, citado por Bernardo Barranco V. en La Jornada agosto 18, 2010.
[24] La Jornada, agosto 16, 2010.
[25] Ibid.

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