El México que ya no existe
Comentarios a Jorge Durand
Manuel
Esparza
Jorge Durand criticó la visita de Isabel Díaz Ayuso
presidenta de la Comunidad de Madrid (La Jornada - Autor Jorge Durand)
cuando ésta haciendo gala de su ignorancia patriotera afirmó que México no
existió hasta la llegada de los españoles. —Ella
confunde el antes con el después — respondió Durand: En efecto, el México
antiguo de indios tatuados y de guerreros emplumados, de grandes talladores,
tatuadores, ceramistas, tejedores, arquitectos y astrónomos dejó de existir
después de la llegada de los españoles.
Duran lamenta que ya no hay los artesanos clásicos
prehispánicos, se pregunta ¿Dónde están estos talladores de Tlálocs, chacmoles,
serpientes emplumadas y tantas otras magníficas esculturas? Ciertamente, todo
un arte y una tecnología que se perdió.
¿Es cierto que ya no hay artesanos que puedan replicar las
obras de los antepasados prehispánicos, de los constructores de templos,
retablos, frescos, órganos de tubos durante el periodo colonial?
Hace ya más de 50 años aquí en Oaxaca tuvo lugar la reunión
del comité nacional de ICOMOS Internacional.
Hubo una gran discusión sobre la conservación del patrimonio. Eran los tiempos
en México de la Secretaría del Patrimonio Nacional, de Sitios y Monumentos, de
restauradores formados en Italia, los de la Escuela de Restauración del INAH.
La polémica se centró entre los más radicales al estilo de
la escuela de Italia donde cada elemento de un inmueble catalogado como
histórico no se reparaba si había sufrido destrucción. Se puso como ejemplo
entre otros muchos, Dainzu donde el arqueólogo Ignacio Bernal colocó el dintel
en las jambas estantes de la tumba 7. Se decía que debieron haberlo dejado como
se halló en el suelo desde tiempos prehispánicos cuando la tumba fue saqueada
desde entonces. ¿No era un dato histórico que los zapotecos de entonces
hubieran bajado el dintel, vandalizado la tumba?
Otros opinaban que no reparar lo destruido era allá en
Italia donde ya no hay artesanos capaces de replicar elementos históricos. Pero
en México sí los hay. Se puso de ejemplo la cúpula del templo de Santo Domingo
que había perdido los mosaicos originales con los temblores. El arquitecto
Jaime Ortíz Lajous formado también en Francia e Italia mandó hacer con las
mismas especificaciones los azulejos con ceramistas de Puebla y son los que se
pueden apreciar actualmente.
Se dieron muchos ejemplos de continuidad de obras hechas
por nativos en tiempos coloniales, por ejemplo, en Oaxaca el órgano bellamente
decorado de la iglesia de Tlacochahuaya, totalmente hecho en el lugar,
incluyendo la tubería. El retablo principal de Santo Domingo hecho en los 50
del pasado siglo por Emilio Bourget maestro carpintero en
imitación del retablo del S. XVI de la virgen del Rosario en el templo de
Yanhuitlán.
Los arqueólogos sufren continuamente en dictaminar qué
piezas (perdón, monumentos) son auténticos o falsas reproducciones. Se echa
mano de tecnologías modernas que no se tenían antes para hacer esos difíciles
dictámenes.
Cierto, el México de indios tatuados y de guerreros
emplumados, de sacrificios humanos, no existe y nadie en su sano juicio
quisiera que regresaran esos tiempos como parece afirmar Gonzalo Celorio,
Premio Cervantes 2025, al decir que en México hay quienes quisieran revivir ese
pasado, (La Jornada: “Lo que está pasando en el mundo es pavoroso”, considera Gonzalo Celorio).
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